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Tubo de ensayo

Mi fantasía es que la tierra termine con todos y recién después conmigo. Ser la última. La única por un momento. Inhalarme el fin de los tiempos. Luego, la noche de las noches, la negra y eterna. Una fantasía que abusa de la megalomanía, pero también de un ansia de contacto desencajado con lo humano, animal, vegetal y mineral. Fue ésta una imagen flamante que me asaltó  en la madrugada, nueva como un fruto verde y un poco artificial, azarosa como un serpenteo neuronal. Una fantasía de tubo de ensayo.

 En otro momento de mi vida, volcada a ser afectada por la idea de permanencia, hubiese desistido de intentar cruzar los datos de la espuma que mi mente agitó esta noche. Por repentinos, biológicos, mutantes, desencadenados, no controlados, por accidentales. Pero hoy lo embrionado, nacido, criado, estacionado y petrificado no me sirve. No en el mundo de las ideas. Por eso les regalo mis tótems, mis reliquias y los cofres con los miedos que me instaron a adoptarlos. Hagan un fuego, degüellen un niño, una cabra, un ternero, el ser vivo que quieran.  Ofrézcanlo en su altar en favor de sus ideas, imaginen que son buenas, que no las quieren cambiar. Inyéctenlas de sustancias para embalsamar. Prueben con resinas.

Porque es enfermo amar a una idea con más intensidad y por más tiempo que a tu perro que con suerte va a vivir catorce años, o a tu amigo,  una planta o una piedra, o lo que sea que te enseña a amar. Porque con lo pensado suma hacer un apocalipsis cotidiano, colocarlo en una pira, inflamarlo, quemarlo y ver como se hace polvo. Y cada noche repetir la ceremonia y hacer lo mismo. El rito del eterno despojo. Las ideas emancipan. Destruirlas también. Que la guerra santa sea pensar contra uno mismo.

Por eso mi fantasia es perfecta, sin linaje ni capacidad de supervivencia.

 

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poxi and me

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Bilis Negra

Cuando me siento triste mi cuerpo se desinfla, como un globo fin de fiesta que pierde de a poco el aire, y pasa a convertirse en un fragmento usado de látex, que a pesar de conservar las mismas propiedades que tuvo antes, ya no sirve para volver a inflarse.  Cuando me siento triste me convierto en el instinto primal de la cría recién nacida, y aún ciega de un animal, que por debilidad y extrañeza desea volver al utero húmedo y caliente de su madre, y que se arrastra torpemente para acercarse a su latido, para meterse adentro. Cuando me siento triste me refugio en la secuencia minimalista de quince temas del disco de Lou Reed y John cale, ese tributo a Andy Warhol llamado Songs for Drella, que cuenta su vida de joven de pueblo, su arrogancia avasallante, sus creencias sobre el arte y el dinero, el arte pop y las cajas Brillo, y el episodio en el que la esquizofrénica Valerie Solanas lo quiso matar. Cuando madura el knock out en mi alma crepuscular, el sol me lastima y la noche me perdona quedarme de rodillas, y camufla la derrota que la luz incorrupta exhibe sin la empatía del favor que no me debe.

Cuando me quedo de rodillas intento hacer del mundo una capilla ardiente, y me mantengo a resguardo para que no me siga desgarrando, a la manera de un animal herido o enfermo, que fuga de su espacio buscando otro espacio alejado de lo humano, para recuperarse o exhalar su último hálito. Una muerte de animal no domesticado, una muerte de llamado de la selva que impone un silencio posthumano, de estrellas testigos de noche cerrada. Cuando mi cuerpo está débil no exhibo credenciales de existencia fuerte, las que no asimilan que soy un ser para la muerte, y entonces me abandono con libertad, a recordar el pozo envenenado de mi pasado, encapsulado en la razón que busca el eje, y lo proyecto cual enjambre de imágenes en la sala oscura y enervada de mi conciencia, de mi teatro de la mente, y bajo el pulso que provoca el movimiento que mece mis dias, lo perforo y lo relleno con balas de carne de mi propio cuerpo, lo persigo, lo perdono, lo fusilo, lo inhumo, en un viaje catártico de sangre y venas, de genes y células, historia y herencia.

Cuando mi cuerpo está triste se pone débil, y la bilis negra viaja cual flecha imantada desde el medioevo, y se acuesta a mi lado coagulada con mi perra también negra, que me cuida y asimila mi energía, que traduce mi tristeza en su nobleza, bajo un ritual de amor que sellamos más allá de toda vida. Cuando la bilis negra deja de ser la anécdota del grabado renacentista del alemán Durero y se aloja en el hígado del cuerpo, produce una lava espesa que corre oscura entre los órganos cual pelota de flipper, cubriendo con una capa de enfermedad lo que hace instantes era sano, moviendo la aguja remedio/veneno hacia el lado oscuro de ese par de opuestos. Cuando la bilis negra se vuelve un visitante de mi existencia, no me ahuyento sino que me reconcentro, me observo, me estudio, me palpo, me atengo en lo que puedo aprender de ese invitado extranjero, como aprende un eremita de la práctica de la soledad, o un creyente de un ejercicio espiritual. Cuando mi cuerpo está triste le urge la posición horizontal, descansar el cuerpo como se hace descansar un auto en un garaje, sin promesas de paseos ni encendido de motor, como se hace descansar una usina que no para, un fuego por años prendido, la luz de una llama calcinada.

Un cuerpo descansado en posición horizontal es reflexión corporal sobre la muerte, un ejercicio espiritual de lo que sobreviene, una instancia de desamparo, un anhelo de encanto. Un cuerpo arrojado a la posición horizontal hace del colchón el testigo ocular de ese cuerpo, que marca con sus huellas, olores, fluidos y manchas todo lo que de él emana. El colchón es la historia de ese cuerpo que ahora yace y descansa, un pasaporte a la memoria del dolor y del recuerdo, una cisterna que absorbe el agua, un descampado que invoca ser ocupado. Un cuerpo vivo es una máquina de producir sustancias reales y ficcionales, recuperar la vida básica y apuntalar el alta, disolver y coagular sus capas, unir máquinas con otras máquinas. Un cuerpo es la ramificación plena del sentimiento y el pensamiento, y se encuentra pegoteado por todo lo que se cruza, y mientras no detiene su marcha va arrastrando costras de millones de partículas del universo entero.

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"The bravest thing I ever did was continuing my life when I wanted to die."

— Juliette Lewis (via l-a-d-y-k-i-s-s-ed)

(vía charcoalanddiamonds)

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Génesis

En el principio Néstor creo los cielos y la tierra fiscal. Y la tierra fiscal estaba desordenada y vacía, y las tinieblas impedían ver el rédito que allí existía, entonces mandó a construir hoteles boutique para que administre Máximo. Y el espíritu crematístico comenzó a moverse sobre la faz de las aguas. Y dijo Nestor: sea la luz; y fue la luz. Y vio Nestor que la luz era buena para calcular cuales eran las mejores tierras y de ese modo expandir para sí  la tierra fiscal. Y separó Nestor la luz de las tinieblas, y creó un agrimensor a su imagen y semejanza para que fije los límites de sus posesiones, porque, a pesar de haber creado EL el mundo, desconfiaba hasta de sí mismo. Y vio Néstor que era bueno.

En el día segundo Néstor juntó  las aguas que estaban debajo de los cielos de Santa Cruz y generó mas tierra fiscal para que compren sus amigos y secuaces a $ 6,78 el m2 y nombró y benefició fiscales para que no los investiguen.  Y llamó a lo seco Tierra y a la reunión de las aguas llamó Mares, y calculó grosso modo el rédito que ambos podían proporcionarle.  Y vio Néstor que era bueno el cálculo.

En el día tercero, Néstor dijo: produzca la tierra hierba verde, hierba que de semilla; árbol de fruto de dólar blue que dé fruto según su género, que su semilla paralela esté en él, sobre la tierra de las cuevas del microcentro porteño. Entonces compro dos millones de dólares en el momento en que el Banco Central evitaba la fuga de capitales. Y Néstor llamó a Víctor Hugo para justificarse. Y a Victor Hugo le sirvió creerle, y encontró así la oportunidad de pasarse elegantemente del lado de los ganadores y salir del justo medio para siempre. Y fue la tarde y la mañana de Radio Continental el día tercero.

En el día cuarto, Néstor dijo: haya testaferros en la expansión del Calafate para separar los bienes de mi nombre y mostrar una declaración patrimonial mínimamente creíble, y sirvan de señales para acumular inmuebles sobre la tierra. E hizo Nestor dos grandes testaferros;  Lázaro Báez para que señorease las estancias patagónicas en el día, y Cristobal López para que señorease los casinos durante la noche. Hizo también otros testaferros, y los colocó en la expansión de los cielos y los mares y la tierra para que ningún negocio incompatible con su función pública se le escape. Nestor creó a los testaferros a su imagen y semejanza, y los bendijo diciendo: fructificad y multiplicaos los casinos y tragamonedas y estancias y contratos con el Estado. Y Néstor no dejaba de observar que todo esto era bueno.

En el día quinto, Néstor dijo: produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó los grandes monstruos marinos según su capacidad de lealtad y toda ave alada a cambio de que vuele bajo, y sacó definitivamente al motonauta Scioli de la lancha y lo consagró vicepresidente, y convocó al cuervo Larroque para que le arme la juventud obediente de la  Cámpora. Y vió Néstor que este rejunte era bueno, y lo llamó transversalidad. Y Nestor bendijo al cuervo diciendo: Fructificad y multiplicad los militantes a cómo dé lugar, de ser necesario que sean rentados, pero que impregnen de falsa juventud y de alegría impostada al movimiento. Y fue la tarde y la mañana del día quinto, y las juventudes militantes pintaron murales espantosos en todas la plazas  y crearon ensambles de murga para deleite de los progresistas que viven en casas con vidrios insonorizados y alejados del latinoamericanismo pregonado.

Luego dijo Néstor: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así que se le ocurrió favorecer la ley de matrimonio igualitario para desactivar la errancia creativa de una minoría y cooptarla para atribuirse la ampliación de derechos civiles a su entera y magnánima decisión y de este modo crearse un escudo protector irreprochable para continuar con sus tropelías. Y vio Nestor que ese tipo de  jugadas eran buenas.

En el sexto día Nestor dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen y conforme a nuestra semejanza; y que señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y Nestor creó al hombre a su imagen, tuerto para la virtud lo creó, y sagaz para el dinero. Y lo bendijo Nestor y le dijo: señoread sobre todo lo que se mueva sobre la tierra, y sobre todo sobre el que piense distinto.

Y dijo Nestor: He aquí que os he dado, como buen populista, toda planta que da semilla, que está sobre la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla, os debe alcanzar para comer, agradecerme y votarme eternamente. Y vio Nestor todo lo que había hecho, y que le convenía en gran manera. Y fue la tarde y la mañana en Calafate el día sexto.